Elegir pareja nunca ha sido una tarea fácil. De hecho, es un proceso complejo que suele influir en todas las personas en un momento u otro de su vida.
Hay muchos factores que influyen en esta decisión, desde factores culturales, a las creencias de la propia persona, a condicionantes familiares, momento vital, intereses, tiempo… Aunque hay un factor clave en esta decisión, la personalidad de cada uno. La manera de ser de cada uno afecta en factores como la atracción, la compatibilidad y la estabilidad en las relaciones amorosas.
A lo largo de este artículo se definirá el concepto de pareja, cómo se forman, se desmentirán mitos y estereotipos, se explicará el modelo de los cinco rasgos de personalidad y se explicará cómo afecta la personalidad en la elección de pareja y en la satisfacción de las relaciones.
El concepto de pareja
El concepto de la palabra pareja es un concepto complejo y que ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Está influenciado por factores biológicos, psicológicos, interaccionales, sociales y culturales, por lo tanto, es importante considerar el contexto en el que se va a desarrollar la relación.
El concepto pareja es dinámico y multidimensional, es una relación basada en el interés y el afecto mutuo, independientemente del grado de formalización o la orientación sexual de sus integrantes. Además, está influenciado por la cultura, la historia y las expectativas individuales. Para comprenderlo mejor, es necesario analizar sus ciclos de vida, las influencias socioculturales y los mitos que afectan a la convivencia y la estabilidad de la relación.
Desde una perspectiva sociocultural, se identifican diferencias entre hombres y mujeres a la hora de elegir pareja. Por un lado, los hombres buscan, generalmente, parejas con atributos físicos atractivos y características de cuidado y apoyo emocional. Por otro lado, las mujeres suelen valorar más aspectos como la estabilidad, la inteligencia y la capacidad de protección en una pareja. No obstante, es importante puntualizar que estas diferencias están influenciadas por el proceso de socialización y los roles de género que existen actualmente a nivel cultural, y no tienen por qué cumplirse siempre.
El proceso de formación de pareja
En la formación de pareja se identifican siete fases, cada una con características particulares:
- Atracción física: Es el primer paso para fijarse en una persona, donde los aspectos físicos juegan un papel importante.
- Conquista: En esta etapa se busca generar interés y conexión, está influenciada por normas culturales y sociales. Es la primera fase donde se conocerá a la persona y se empezará a valora aquello que es atractivo para uno mismo.
- Enamoramiento: Se idealiza a la pareja y se experimentan emociones intensas. Sin embargo, esta fase tiene un tiempo limitado y a veces puede jugar malas pasadas.
- Convivencia y poder: Se establecen normas de convivencia y se definen dinámicas de poder dentro de la relación. Esta será la base de una relación sana, ya que es donde se establecerán las normas de la relación de manera conjunta y se consensuaran para que los dos miembros de la pareja salgan favorecidos.
- Intimidad: Se desarrolla la confianza y el vínculo emocional, compartiendo aspectos personales y afectivos. Este será un proceso de larga duración e intensidad que puede ir variando con el tiempo.
- Proyecto de vida en común: La pareja define metas conjuntas y estrategias para su futuro. Este puede ser un punto de inflexión para muchas parejas, ya que pueden haber voluntades distintas al respecto.
- Compromiso: Se fortalece la relación y se toman decisiones importantes sobre su estabilidad y continuidad.
Estas fases no tienen por qué darse en todas las parejas, ni tampoco tienen por qué darse en este orden o una duración determinada, es decir, cada pareja tendrá un funcionamiento particular al respecto.
Mitos y estereotipos sobre el amor y la pareja
Existen diversos mitos y estereotipos que influyen en la elección de pareja y en la convivencia, algunos de los más destacados son:
- El mito del alma gemela: Se cree que existe una única pareja ideal para cada persona, lo que genera expectativas poco realistas.
- El mito del príncipe azul y la princesa: Refuerza estereotipos de género donde el hombre debe ser fuerte y protector, y la mujer, sumisa y amorosa.
- El amor es para siempre: La idea de que la pasión y el romance deben mantenerse intactos puede generar frustraciones en la convivencia.
- El cónyuge debe hacer feliz al otro: Se espera que la pareja sea la única fuente de felicidad, lo que puede provocar dependencia emocional.
Estos mitos pueden influir en la selección de pareja y en la forma en que se afrontan los problemas dentro de la relación.
El modelo de los cinco rasgos de personalidad (Big Five)
Cada persona tiene una personalidad única e irrepetible. No obstante, se pueden dividir cinco grandes rasgos de personalidad: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo. El modelo del Big Five explica cómo la personalidad influye en el comportamiento y las relaciones con los demás, se ha usado en distintas disciplinas y en distintos estudios para ver la compatibilidad en relaciones de pareja, liderazgo, éxito académico y bienestar emocional.
En primer lugar, está el rasgo apertura a la experiencia. Se entiende una personalidad con alta apertura como una persona curiosa, imaginativa, abierta a nuevas experiencias y con intereses diversos, además de disfrutar de la creatividad, la innovación y el aprendizaje. Contrariamente, se entiende una persona con baja apertura como más tradicional, con preferencia por la rutina, más práctica y menos inclinada a explorar nuevas ideas o experiencias. Por ejemplo, una persona con alta apertura disfrutará de viajar a lugares exóticos y experimentar comidas nuevas, mientras que una persona con baja apertura preferirá lugares familiares y comidas tradicionales.
En segundo lugar, está el rasgo de responsabilidad. Una persona con alta responsabilidad se caracterizará por ser organizada, disciplinada, confiable, orientada al objetivo, meticulosa y con tendencia a planificar. En cambio, una persona con baja responsabilidad será más espontánea, descuidada, impulsiva y desorganizada. Por ejemplo, una persona altamente responsable tendrá una agenda bien planificada y cumplirá con sus compromisos, mientras que una con baja responsabilidad tendrá tendencia a procrastinar y a actuar sin planificación.
En tercer lugar, está el rasgo extraversión. Las personas con una alta extraversión son sociables, enérgicas, asertivas, buscan estimulación externa y disfrutan de la interacción con otras personas. En cambio, las personas con baja extraversión, también llamadas introvertidas, prefieren la tranquilidad, disfrutan de estar solos o en grupos pequeños y suelen ser reservados. Por ejemplo, una persona extravertida se sentirá cómoda y con energía rodeada de personas en una fiesta, mientras que una persona introvertida preferirá una conversación profunda con un amigo en un ambiente tranquilo.
En cuarto lugar, está el rasgo amabilidad. Una persona altamente amable será empática, cooperativa, compasiva, cálida, confiable y dispuesta a ayudar a los demás. En cambio una persona con baja amabilidad será fría, competitiva, crítica, priorizará sus intereses sobre los de los demás e incluso puede llegar a ser manipuladora. Por ejemplo, una persona altamente amable ayudará a un amigo cuando lo necesite, mientras que una persona con baja amabilidad actuará de manera más egoísta y calculadora.
Por último, está el rasgo neuroticismo. Una persona con alto neuroticismo será propensa a experimentar ansiedad, estrés, inseguridad y experimentará cambios emocionales frecuentes. En cambio, una con bajo neuroticismo, es decir, con estabilidad emocional tenderá a ser tranquila, emocionalmente estable y menos propensa a experimentar ansiedad o depresión. Por ejemplo, una persona con alto neuroticismo se preocupará excesivamente por los problemas pequeños, mientras que una con bajo neuroticismo manejará el estrés de manera calmada.
La relación entre personalidad y la elección de pareja
Una vez explicado el modelo del Big Five, vamos a ver cómo estos rasgos de personalidad influyen en la elección de pareja, además de determinar la atracción, la compatibilidad y la estabilidad de la relación.
Respecto al primer rasgo, el neuroticismo, entrará en juego la estabilidad o inestabilidad emocional. Una persona con un alto neuroticismo y, por lo tanto, con tendencia a la inestabilidad emocional, experimentará ansiedad e inseguridad en las relaciones, lo que le generará conflictos y dificultades en la pareja. Por otro lado, una persona con bajo neuroticismo y, por lo tanto, estable emocionalmente, será más propensa a relaciones más armoniosas y menos conflictivas. Conociendo esto, las personas con alto neuroticismo suelen atraer parejas con mayor estabilidad emocional, pero estas relaciones pueden ser inestables si no se manejan adecuadamente las emociones.
En cuanto al segundo rasgo, la extroversión, se verá influenciada la sociabilidad y la energía social. Las personas más extrovertidas tenderán a buscar parejas con quien puedan compartir actividades sociales, dada su tendencia carismática, social y sus relaciones dinámicas y estimulantes. En cambio, las personas introvertidas buscaran relaciones más íntimas y profundas, donde la conexión emocional y el respeto al espacio personal sean clave. No obstante, las parejas pueden formarse entre personas con niveles similares de extroversión, pero también hay casos donde un extrovertido y un introvertido se equilibran mutuamente.
En el tercer rasgo, apertura a la experiencia, influirá la curiosidad y la creatividad. Una persona con alta apertura buscará una pareja con quien pueda compartir experiencias nuevas, viajar, explorar ideas y desafiar lo convencional. En cambio, una persona con baja apertura preferirá una pareja estable, con quien pueda establecer una rutina y tener una relación más tradicional. En conclusión, las personas con alta apertura suelen buscar parejas igualmente abiertas, mientras que aquellas con baja apertura prefieren buscar parejas que se parezcan a ellas en este rasgo, fomentando así la seguridad y predictibilidad en su relación.
Respecto al cuarto rasgo, la amabilidad, se tendrá en cuenta la empatía y la cooperación. Una persona con alta amabilidad buscará una relación basada en el respeto, el apoyo muto, el afecto, la empatía y la generosidad. En cambio, una persona con baja amabilidad, al tener tendencia a ser crítica y competitiva, la llevará a generar desafíos en la convivencia. Por lo tanto, las personas con alta amabilidad suelen buscar compañeros igualmente empáticos, aunque algunas pueden sentirse atraídas por personas menos amables que les ofrecen un desafío emocional.
En quinto lugar y como último rasgo, la responsabilidad enlazará con conceptos como el orden y el compromiso. Una persona con alta responsabilidad tendrá tendencia a tener relaciones estables y duraderas, ya que se comprometerá y confiará en ella. En cambio, una persona con baja responsabilidad tenderá a generar conflictos si su pareja es muy estructurada, dada su tendencia más espontánea. Todo esto conllevará a que las personas responsables buscaran estabilidad y pueden sentirse frustradas con parejas poco comprometidas. Sin embargo, en algunos casos, un individuo muy estructurado podrá atraer a alguien más flexible, generando un balance.
En conclusión, no hay una única personalidad ideal para la elección de pareja, pero ciertos rasgos pueden hacer que una relación sea más o menos armoniosa. La similitud en valores y rasgos clave como estabilidad emocional, amabilidad y compromiso tienden a ser un predictor de relaciones exitosas.
La relación entre personalidad y la satisfacción en las relaciones de pareja
Hay diferentes estudios que explican los efectos que tienen diferentes rasgos de personalidad en la satisfacción de las relaciones de pareja.
Por ejemplo, un alto nivel de neuroticismo en uno o ambos miembros de la pareja se asocia con menores niveles de satisfacción. En cambio, la extroversión puede tener un efecto positivo en la satisfacción, pero depende del contexto de la relación.
Por otro lado, la apertura a la experiencia está relacionada con una mayor satisfacción cuando ambos miembros de la pareja comparten este rasgo y el hecho de ser similares/complementarios entre ambos miembros de la pareja tiende a reportar mayor satisfacción, especialmente en términos de estabilidad emocional.
Conclusión
En conclusión, la personalidad juega un papel clave en la elección de pareja y en la estabilidad de la relación. Rasgos como la estabilidad emocional, la amabilidad y la responsabilidad suelen contribuir a relaciones más armoniosas, mientras que el alto neuroticismo puede generar conflictos.
Las parejas tienden a funcionar mejor cuando comparten ciertos rasgos, como la apertura a la experiencia y la responsabilidad, aunque en algunos casos, las diferencias pueden complementarse.
También es importante cuestionar los mitos sobre el amor, ya que pueden crear expectativas poco realistas. Construir relaciones basadas en la comunicación, el respeto y la comprensión mutua es fundamental para la felicidad en pareja.
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Bibliografía
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Grado en Psicología (Universidad de Barcelona)
Máster en Psicología de la Actividad Física y del deporte (Universidad Autónoma de Barcelona)
Máster en Psicología General Sanitaria (CUSE), en curso